Imagina que llevas días esperando en casa un paquete y justo el día que llega el timbre suena cuando no estás, o si estabas pero por las prisas y distracciones no lo escuchaste. Después te encuentras en el buzón el papelito de intento de entrega del repartidor y qué rabia da… porque estuvo ahí a la puerta, en un timbrazo, y no nos pilló.

Comenzamos un nuevo adviento, y lo hacemos encendiendo la primera vela de la corona recordando que este tiempo comienza con una llamada: ¡despierta! Adviento no es “pre-navidad” ni una cuenta atrás para el turrón y los villancicos, es una sacudida espiritual que conlleva una motivación de fondo: escuchar a Dios para preparar su Nacimiento e intentar disponernos sin vivir dormidos, o acostumbrados, o dejando pasar esta visita especial porque tenemos el piloto automático puesto, como si nada tuviera que ver con nosotros.

Las lecturas de hoy procuran ser como ese timbre del mensajero para crecer en la actitud de estar atentos. San Pablo lo dice así: “Daos cuenta del momento en que vivís: es hora de despertaros del sueño.” (Rm 13,11) y Jesús en el Evangelio insiste: “Estad también vosotros preparados” (Mt 24,44). Aunque el gran mensajero y preparador del Adviento es el profeta Isaías porque nos da la dirección correcta; en la primera lectura nos ofrece como un mapa de esperanza: “Venid, caminemos a la luz del Señor” (Is 2,5). Isaías imagina un mundo donde las espadas se convierten en arados, donde ya no se aprende la guerra, sino la paz. Y hoy —cuando vemos violencia, culturas enfrentadas, redes sociales llenas de fakes news, prisas, desconfianzas, fracturas familiares— estas palabras no son poesía sino una necesidad.

El Adviento viene a recordarnos que no nos podemos quedar en ser espectadores de lo que pasa sino que demos el paso para meternos dentro de la historia de la salvación. Jesús dice que su venida será como en tiempos de Noé donde la gente comía, bebía, hacía planes… nada malo, pero vivían distraídos, sin preguntarse por el sentido, por la verdad, por el para qué de la vida. No estaban preparados aunque el timbre sonaba. Y eso mismo puede seguir pasando hoy, no con maldad… sino con despiste.

Adviento es movimiento y Cristo viene en muchas situaciones (cuando perdonas aunque no te nazca, cuando ayudas sin que nadie lo vea, cuando frenas un prejuicio, cuando vuelves a rezar, cuando escuchas al que nadie escucha, cuando te levantas una vez más después del cansancio…) Es verdad que su venida no siempre hace ruido, a veces es un susurro. La mejor que nos puede enseñar a prepararnos es María, fue la primera que escuchó el timbre y estaba donde tenía que estar.  Ella no tenía prisas y por eso cuando Dios llamó —no dejó una nota en el buzón—, ella respondió: “Aquí estoy.” Hoy Jesús toca la puerta de nuestra vida, que este Adviento no nos encuentre distraídos. Que cuando Él llegue no tenga que dejar una nota en el buzón, sino que oiga nuestra respuesta: “Ven, Señor Jesús”.

Pepe Navarrete
Delegado Pastoral Vocacional

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PRIMERA LECTURA: Is 2, 1-5. El Señor congrega a todas las naciones en la paz eterna del Reino de Dios.

SALMO: Sal 121. R. Vamos alegres a la casa del Señor.

SEGUNDA LECTURA: Rom 13, 11-14a. La salvación está más cerca de nosotros.

EVANGELIO: Mt 24, 37-44. Estad en vela para estar preparados.

Vocaciones Jaén
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