Hace unas semanas pusimos en la parroquia una lamparita nueva para el sagrario (esa lucecita roja que avisa que el Señor está ahí) y noté hace unos días que la bombilla titilaba, como si fuera a apagarse, aunque fuera electrónica. Me acerqué pensando que se había fundido, qué había durado poco y que había que comprar otra, pero al mover un poco el interruptor volvió a encenderse con más fuerza. ¡Qué parecida es a veces nuestra fe! Hay momentos en los que parece que apenas brilla, que se apaga, pero basta un pequeño contacto, un “sí” nuevo…y vuelve la luz.

Hoy los apóstoles en el Evangelio le dicen a Jesús «auméntanos la fe» y Él responde como siempre, descolocándonos un poco, diciendo «si tuvierais fe como un grano de mostaza…». No se trata de cantidad, sino de verdad-calidad. Jesús no pide una fe espectacular, sino una fe viva, aunque sea pequeña. La fe que mueve montañas no es la que hace ruido, sino la que resiste en silencio, la que no presume, pero persevera, la que titila a veces, pero nunca se apaga del todo.

San Pablo, en la carta a Timoteo, nos dice “aviva el don de Dios que hay en ti.” Avivar significa como “soplar sobre las ascuas”, no dejar que la fe se quede dormida o que se apague por la rutina o el miedo. Dentro de nosotros está ese fuego que es Espíritu Santo y a veces basta un pequeño gesto para que vuelva a prender.

El profeta Habacuc, en la primera lectura, expresa una queja a Dios por la injusticia, por tanto mal que parece no tener respuesta. Y Dios le dice que “el justo vivirá por su fe” porque el creyente sigue de pie cuando confía, aun sin entenderlo todo. Fe es seguir encendiendo la lámpara, incluso cuando el entorno está oscuro.

Quizá el Señor hoy nos invita a revisar cómo anda esa “bombilla” interior. ¿Sigue encendida? ¿necesita que movamos el interruptor de la confianza o que alguien nos ayude a soplar sobre el fuego del Espíritu? Jesús no busca creyentes perfectos, sino personas que sigan amando incluso cuando cuesta. “Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que teníamos que hacer”, es la frase que dice Jesús hoy al finalizar el Evangelio, y no para desanimarnos, sino para enseñarnos que la fe no es un contrato con Dios, quien cree de verdad no calcula, no espera premios: sirve porque ama. Por eso hoy podemos repetir con el corazón sencillo de los apóstoles: “Señor, auméntanos la fe.”

Pepe Navarrete
Delegado Pastoral Vocacional

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PRIMERA LECTURA: «El justo por su fe vivirá’” (Habacuc 1,2-3;2,2-4)

SALMO: «Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «no endurezcáis vuestro corazón»” (Salmo 94)
SEGUNDA LECTURA: «No te avergüences del testimonio de nuestro Señor” (2 Timoteo 1,6-8.13-14)
EVANGELIO: «¡Si tuvierais fe!” (Lucas 17, 5-10)

Vocaciones Jaén
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