En vísperas de la próxima Jornada Mundial de oración por las vocaciones y la Jornada de vocaciones nativas que la Iglesia celebrará el próximo 21 de abril bajo el lema «HÁGASE TU VOLUNTAD – Todos discípulos, todos misioneros»la Delegación de Pastoral Vocacional lanza y presenta un nuevo logotipo, cuyo significado y expresión quiere hacer ver la misión comprometida de todo el Pueblo de Dios con la pastoral vocacional.

Una de las primeras iniciativas que ve la luz, ya que en los próximos días también se darán a conocer la nueva web y las nuevas redes sociales de la Delegación. En estas líneas queremos ahora describir los detalles y significado del logotipo:

“ABRAZADOS A CRISTO PARA SEGUIRLE”

Cruz de Cristo. En el centro del diseño, como detalle principal, está en color rojo la Cruz de Cristo. Es en Él donde encontramos la fuente de la salvación, su muerte en la cruz nos ha redimido, y su sangre representada por el color rojo nos recuerda el Sacramento de la Eucaristía, donde encontramos a Jesús realmente presente como alimento espiritual. Para un bautizado, para un cristiano, no puede pasar desapercibida la Cruz y lo que ha supuesto para Cristo entregar la vida hasta el extremo por cada uno de nosotros. Es ahí donde comienza la historia personal de cada uno con Cristo, es en la Cruz donde el mismo Jesús nos dejó su costado abierto con el gran regalo de la familia de la Iglesia, donde estamos llamados a ser discípulos del Señor, invitados a descubrir nuestra propia vocación y dispuestos a responderle para llevar su Amor a los demás.

Las llagas de Cristo. Llama especialmente la atención el detalle de las llagas de Cristo, se ven claramente las que pertenecen a las heridas de los clavos en las manos y en los pies, como signo y recuerdo de que nuestra misión es siempre continuar la Misión del Resucitado: hacer las cosas con los mismos sentimientos de Cristo y caminar siempre detrás de Él, sabiendo que somos solo sus instrumentos y que Cristo en todo momento nos precede. La llaga del costado no aparece en el diseño, se trata de un guiño especial con la intención de hacer ver con ese detalle que nuestra vida está llamada a configurarse con la de Jesús, una llaga escondida pero que se hace visible con el testimonio de cada bautizado en la Iglesia y que se nutre del Amor rebosante que mana del Corazón de Cristo.

El abrazo. El logo pretende también recoger a cada persona, se refleja en esa segunda cruz de color blanca que abraza la Cruz del Señor, es una invitación doble: primero estar dispuestos a dejarse abrazar por el mismo Jesucristo; segundo querer abrazarlo a Él. Su color blanco nos recuerda quiénes somos, somos Hijos de Dios, gracias al Sacramento del Bautismo como punto de partida de nuestra Vida Nueva en la gracia. También nos tenemos que fijar en los filos del dibujo, que son de color rojo, del mismo color que la Cruz de Cristo, esto nos recuerda que en todo momento estamos llamados a vivir con generosidad el mandamiento nuevo del Amor a Dios y a los hermanos, con el mismo deseo y ardor con el que Cristo nos lo expresó, sin olvidar que por nuestras venas ha de correr la alegría y la ilusión. La cruz blanca tiene forma además de un cruce de caminos, llegamos aquí al momento más original recogido en el logo: tu vida y la de Cristo fusionadas en un abrazo, sólo el Señor conoce nuestros caminos, planes y proyectos mejor que nosotros mismos, abrazar a Jesús en la vida es un don, pero también una tarea, se trata de abrirle con generosidad las puertas de mi corazón al Señor, para que Él me haga feliz y me muestre la vocación a la que he sido llamado. En el encuentro personal con Cristo es donde surge la pregunta fundamental: ¿para quién soy, Señor?

Las sombras. Quien abraza a Cristo abraza también otra realidad, reflejada por esas pequeñas sombras, algunas de color morado y otras de color rojo oscuro, como muestra de la duda, la incertidumbre, la dificultad y el sacrificio que conlleva seguir los pasos de Jesús y ofrecer una respuesta a su llamada en medio del día a día de nuestras vidas. No podemos olvidar aquí la importancia del discernimiento, ese arte de contrastar entre lo que Dios me pide para ser feliz y lo que yo quiero hacer para buscar mi felicidad. En las sombras de nuestra vida es donde se esconde también el rumor de Dios, su paso en el silencio, que por momentos pasa desapercibido, pero que con la ayuda de las mediaciones y el acompañamiento es posible descubrir. Una invitación a no tener miedo y vencer la tentación de estar conformes con nuestra vida sin dejarle a Dios su hueco, su protagonismo, su Amor. Una llamada también a la conversión continua de la vida que deje atrás esos frenos, obstáculos, miedos y pecados que no me permiten vivir la Vida de Cristo.

Las huellas. Terminamos la explicación del logo dirigiéndonos a esas dos huellas al pie de la Cruz de Jesús. Son nuestros propios pasos, y su color morado nos recuerda al color del logo de nuestra diócesis, como gesto para no olvidar que Dios nos llama a seguirle dentro de la familia de la Iglesia, una Iglesia universal pero donde cada bautizado está llamado a vivir su Fe en la Iglesia particular correspondiente, con su comunidad parroquial, su diócesis, caminando en comunión bajo el callado y pastoreo de sus pastores, de su Obispo y sacerdotes. Sin duda una forma de expresar que somos discípulos de Cristo no de forma aislada, sino compartiendo nuestras vidas y ofreciendo el gran abanico de carismas y dones que el Espíritu Santo reparte a cada uno. Unas huellas que además nos recuerdan que siempre hemos de caminar al lado de Cristo, como compañeros de vida, escuchando siempre su Palabra, alimentándonos de su Cuerpo y Sangre y ejercitando la caridad sobre aquellas personas que nos necesitan. También las huellas nos recuerdan que somos peregrinos, que estamos de paso en este mundo, y que caminamos hacia la meta del cielo con la mochila y el equipaje de nuestras vidas, lleno siempre de los dones espirituales y materiales que nos hacen falta para caminar.

CULTURA VOCACIONAL.

“Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3, 20-21). En definitiva, el logo quiere reflejar y resaltar que cada uno tiene su vocación, irrepetible, original. Cristo siempre nos llama por nuestro nombre a una vocación específica en su Iglesia, bien a seguirle en la vida laical mediante el matrimonio y el testimonio en el mundo, bien a una vida consagrada o bien a una vida sacerdotal.

Distintos caminos que nos llevan a un único camino, una única vocación a la que estamos todos llamados: la santidad, la amistad con Cristo.

Se trata de una Misión de la Iglesia que sigue siendo irrenunciable, de la cual todos somos corresponsables: cultivar en nuestro mundo una cultura vocacional para facilitar que el bautizado pueda descubrir su vocación abrazando a Cristo para seguirle.

Pepe Navarrete
Delegado de Pastoral Vocacional