Desde que se conoció la noticia hace unos meses por parte de la Conferencia Episcopal a través del nuevo Servicio de Pastoral Vocacional con ilusión nos estamos preparando para caminar hacia el Congreso Nacional de Vocaciones, que tendrá lugar en Madrid, del 7 al 9 de febrero del 2025.

Cuando nos disponemos a vivir los últimos días del curso pastoral, después del tiempo de Pascua donde volvemos a poner la mirada y el horizonte en valorar, hacer balance y reflexionar lo que el Señor nos pide en la Misión encomendada por la Iglesia, ahora con ilusión y compromiso a la vez vamos preparando los primeros pasos del curso que viene, con nuevo calendario, propuestas, iniciativas, eventos… un nuevo curso en el que esta Delegación tendrá que asumir el gran reto de preparar bien la participación en el Congreso.

Con una reunión informativa el pasado martes 4 de junio en la Casa de la Iglesia ya hemos dado un primer paso, con el encuentro de los correspondientes delegados, consiliarios, directores y responsables que de algún modo son destinatarios directos y protagonistas en sus ámbitos de pastoral donde se comparte la misión de la promoción, el cuidado y el acompañamiento de la pastoral vocacional, misión que tiene como objetivo primordial el acompañar, formar y ayudar a los fieles, especialmente a los jóvenes, para que puedan hacerse una pregunta; ¿para quién soy yo, Señor? 

El Congreso Nacional de Vocaciones, sin duda, será un gran regalo. Enmarcado además en pleno Jubileo de la Esperanza, el camino que se presenta es arduo pero ilusionante.  Tendremos la experiencia de vivir como Iglesia, en sinodalidad, un encuentro inolvidable. Como Pueblo de Dios en salida todos estamos llamados a participar, preparando y trabajando los pasos previos que el Servicio de Pastoral Vocacional de la CEE nos va ofreciendo, y empezar así a sentar las bases para hacerlo realidad en nuestra Iglesia Diocesana.

Agradecemos la presencia de los que estuvieron presentes en la reunión, representando nuestra Iglesia Diocesana: el Seminario, el clero, el diaconado permanente, la vida contemplativa, la vida religiosa y CONFER, los niños, adolescentes y jóvenes, las familias, los universitarios, el apostolado seglar, las misiones, los profesores y maestros de religión, etc… Estamos ante una oportunidad única, la Iglesia nos sigue pidiendo que apostemos por caminar hacia una cultura vocacional y para ello necesitamos remar todos juntos y hacerlo resonar en nuestros niños, adolescentes, jóvenes y adultos de tal forma que haya una respuesta generosa, como el Sí de María, a la llamada de Dios.