Todos conocemos un poco esa frase, nos referimos a esa persona que sabe buscarse la vida, que se las ingenia, que no se deja pisar en su entorno (en el trabajo, en los negocios, incluso en la familia.) Siempre hay alguien que sabe moverse para sacar ventaja. Jesús en el Evangelio de hoy nos habla de uno de esos “listillos”: el administrador astuto. No era precisamente un modelo de honradez, pero sí un modelo de perspicacia que supo aprovechar su momento para asegurarse el futuro.
El Evangelio presenta a este hombre que, al verse en apuros, se busca aliados perdonando deudas. No actúa quizá del todo bien, pero sí con rapidez y Jesús por eso alaba esa capacidad de reacción, esa inteligencia práctica, añadiendo una frase que debería hacernos pensar: “Los hijos de este mundo son más astutos con los suyos que los hijos de la luz.” Es decir: ponemos mucha cabeza y energía en los negocios terrenos, y muy poca en los negocios del Reino. Aquí está la paradoja, Jesús no nos invita a imitar su corrupción, pero sí su astucia porque a veces somos muy listos para lo nuestro, para el dinero, para lo material… y muy torpes para lo del Reino de Dios.
¿Dónde ponemos nuestro corazón? La verdadera astucia cristiana es usar lo material como instrumento de bien, como medio de fraternidad, y no como fin en sí mismo. El dinero en sí no es malo, pero puede convertirse en un dios falso que esclaviza, que rompe relaciones, que nos quita la libertad. Jesús por eso es tajante: “No podéis servir a Dios y al dinero.” La pregunta que nos haría reflexionar sería ¿somos listos solo para ganar, acumular, aparentar… o sabemos ser listos para amar, servir y compartir?
El profeta Amós en la primera lectura nos lanza un repaso claro: “Escuchad, los que exprimís al pobre y elimináis a los humildes del país”. Podemos ser astutos para enriquecernos, incluso a costa de los demás, pero Dios no se deja engañar. La astucia que pisa al débil entonces se convierte en pecado que clama al cielo.
San Pablo en su carta a Timoteo nos recuerda que hay que orar por todo, pero también por los gobernantes. La fe no nos encierra en la sacristía, nos impulsa a trabajar por una sociedad más justa. Ser “más listos que el hambre” para nosotros no sería manipular, sino orar, trabajar, implicarnos en la vida real para que todos puedan vivir con dignidad.
Jesús no nos pide ser ingenuos, sino listos para el amor, ingeniosos para la caridad, rápidos para el perdón. Que nunca se diga de nosotros que fuimos muy listos para lo nuestro y muy torpes para lo de Dios porque, como dice el refrán: “Más vale maña que fuerza.” Y la mejor maña es vivir como hijos de la luz.
Pepe Navarrete
Delegado Pastoral Vocacional
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PRIMERA LECTURA: «Contra los que ‘compran al indigente por plata’” (Amós 8, 4-7)
SALMO: «Alabad al Señor, que alza al pobre” (Salmo 112)
SEGUNDA LECTURA: «Que se hagan oraciones por toda la humanidad a Dios, que quiere que todos los hombres se salven” (1 Timoteo 2, 1-8)
EVANGELIO: «No podéis servir a Dios y al dinero” (Lucas 16, 1-13)


