En la vida, muchas veces, lo ordinario está hecho de dolor, de lágrimas, de sufrimiento que a primera vista no tiene sentido; o también de alegría, de ilusión, de esperanza que pueden darle color al día. Pensaba en una sala de hospital donde hay enfermos que esperan ser atendidos, es algo ordinario y rutinario para los médicos y enfermeros, pero para quien está allí esperando o ya ingresado ese lugar se convierte en algo extraordinario. Lo mismo pasa en tantas casas cuando hay situaciones de una enfermedad, un problema familiar, una dificultad… en medio de lo ordinario del sufrimiento puede aparecer lo extraordinario del amor. Hoy al celebrar la Fiesta de la Exaltación de la Cruz lo que celebramos es precisamente esto: cómo un instrumento ordinario de tortura —como fue la cruz de Cristo—, se convirtió en el signo extraordinario del Amor de Dios al mundo y de nuestra salvación.

Si echamos la mirada atrás en la primera lectura un trozo de metal ordinario que llevaba Moisés, en forma de serpiente, se convirtió en medio extraordinario de curación. Cuando los israelitas eran mordidos a modo de castigo bastaba mirar a aquella serpiente de bronce con fe para salvarse. No era magia, era un signo: el pueblo aprendía a confiar en Dios en lo ordinario de la fe puesta en un gesto, ahí es donde se esconde la confianza.

El Evangelio de hoy nos regala quizá la frase más conmovedora de toda la Biblia: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.” Lo ordinario de una ejecución pública en las afueras de Jerusalén se convirtió en el acontecimiento más extraordinario de la historia porque en esa Cruz no había solo un ajusticiado más, sino el Hijo de Dios que nos estaba amando hasta el extremo. La Cruz es, por tanto, el lugar donde descubrimos lo más extraordinario del amor: un Dios que voluntariamente prefiere entregar su vida antes que perder a sus hijos, un Dios que canta victoria y vence en una aparente derrota.

San Pablo nos recuerda en la segunda lectura que Cristo se humilló, haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. También aquí podemos ver que lo ordinario de la humillación y de lo débil se convierte en extraordinario porque es ahí donde Dios nos abraza. La Cruz más que un error de la historia ha sido el camino hacia la gloria.

Y esto nos dice también a nosotros que, cuando abrazamos nuestras pequeñas cruces ordinarias Dios puede obrar en ellas algo grande. Cuando hagamos la señal de la Cruz o nos santigüemos, por ejemplo, ya sabemos que en algo rutinario como es este gesto hay escondido un regalo especial: Dios nos ha mirado y abrazado desde la Cruz para salvarnos y darnos la Vida.

Pepe Navarrete
Delegado Pastoral Vocacional

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PRIMERA LECTURA: «Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte” (Núm 21, 4b-9)
SALMO: «No olvidéis las acciones del Señor” (Salmo 77)
SEGUNDA LECTURA: «Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre” (Flp 2, 6-11
EVANGELIO: «Dios nos mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él” (Juan 3, 13-17) 

Vocaciones Jaén
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